Mujawara: tejer una vecindad revolucionaria por encima de las fronteras
Participa con nosotres en un mes de organización internacionalista durante todo el mes de junio. Este es un llamado global a todos los espacios y colectivos locales para que organicen encuentros, acciones, banquetes comunitarios, celebraciones, eventos para recaudar fondos, marchas y rituales en honor a quienes han caído.
El objetivo es forjar nuevas conexiones internacionalistas y poner en común nuestros recursos para apoyar la creación de nuevos espacios compartidos por parte de les revolucionaries de Siria y de Sudan.
Podríamos empezar de nuevo con una lista. Una lista de peligros, de guerras, de revueltas truncadas, de revoluciones incompletas. Una lista de todas las personas muertas, de todas nuestras muertas.
Pero ¿por qué recordar una vez más lo que todes saben, leen, ven, sienten? El mundo, una vez más, está devastado por la codicia de los poderosos.
Entonces, ¿cómo seguir? Para nosotres, que hemos conocido las multitudes exultantes, los palacios saqueados y la potencia de nuestra ternura. ¿Cómo seguir ante el horror y la impotencia? ¿Cómo seguir adelante siendo revolucionaries?
Están los cínicos, los «realistas», que, cegados por la angustia de su debilidad, nos dicen que hay que elegir. Elegir entre quienes masacran a sus propios pueblos y quienes creen poder frenar su caída declarando la guerra al mundo.
Están quienes se rinden o pierden la esperanza. Agotades, resignades. Pero que algún día podrían volver a estar a nuestro lado.
Y luego estamos nosotres.
Nosotres, que lloramos, que nos sentimos débiles, que a veces dudamos. Pero que, a la vez, no hemos abandonado ni nuestra brújula, ni nuestra llama. Ni la esperanza de vengar a los nuestros, ni la de ver algún día deslumbrar el alba.
Nosotres, que, en lugar de quedarnos encerrades en el estupor del presente, buscamos por todas partes a quienes siguen resistiendo. Porque recordamos que de nuestras revueltas ha surgido una fuerza. Y que, si las mentes tienden a olvidar, los cuerpos, ellos sí, recuerdan.
Nosotres, que vemos esa fuerza aún viva, latiendo en una generación pirata que le grita al mundo que el juego no está perdido.
Es esta fuerza la que nuestres compañeres de Nepal han vuelto a hacer estallar a plena luz del día al hacer desaparecer su asamblea entre las llamas; la que se ha vislumbrado en los “plenums” de Serbia, esas gigantescas asambleas que organizan durante meses y meses la revuelta desde abajo; la que encarnan los habitantes de los pueblos libaneses que permanecen en sus tierras a pesar de la enésima orden de evacuación de Tsahal, al igual que les campesines que en Palestina vuelven a plantar una y otra vez sus cultivos destruidos por las bombas; la que se percibe en las “Salas de respuesta a emergencias” en Sudán, nacidas en la guerra para tomar el relevo, tanto en el país como en el exilio, de los potentes Comités de resistencia de la revolución.
Es esta fuerza la que hace que nuestres compañeres se mantengan firmes en la selva de Myanmar o de Chiapas, en las trincheras ucranianas o en las montañas del Rojhelat. Es ella la que vemos ondear en lo alto de esos barcos que se hacen a la mar para desafiar al genocida Israel. Es ella, por fin, la que empuja a las multitudes de Irán, de Minneapolis, de Perú, de Indonesia, de Filipinas, de Marruecos o de Madagascar a desafiar una y otra vez la muerte prometida por todos esos regímenes que odian a sus pueblos.
Sí, nuestra fuerza es real. Naciente, incompleta, fragmentada, pero real. Al contrario de lo que los contrarrevolucionarios tanto de derecha como de izquierda intentan hacernos creer. Y ningún partido ni salvador supremo podrá unificarla por nosotres.
Así pues, la tarea nos corresponde: buscarnos, reconocernos y sacar a la luz ante el mundo y ante nosotros mismos la potencia que podría surgir de nuestro encuentro.
Es lo que llamamos Mujawara. La puesta en común de nuestros esfuerzos y nuestros recursos entrelazando cuerdas lo suficientemente extensas y sólidas como para mantenernos unidos frente a los desafíos de nuestro tiempo. Una vecindad revolucionaria que ya hemos empezado a tejer desde todos esos territorios, esos espacios y poderes populares nacidos de nuestras luchas. Esta Mujawara no se construirá a base de palabrería ni de grandes comunicados sobre cada sobresalto que sufre nuestro mundo. Se construye y se construirá bajo el radar, en los túneles de las revoluciones por venir.
**Para inaugurarla y empezar a tejer esta vecindad que atraviese las fronteras, organizaremos durante el mes de junio, en los cinco continentes, actos internacionalistas, en los distintos espacios nacidos antes o a raíz de nuestras revueltas y mantenidos todos estos años a pesar de las dificultades: consejos de barrio, espacios autónomos, centros sociales, casas de acogida, granjas colectivas, librerías autogestionadas, cooperativas.
Todo lo que permita poner en práctica, tanto material como simbólicamente, este vecindario que necesitamos: encuentros, acciones, banquetes, grandes fiestas, recaudaciones de fondos, marchas, rituales en homenaje a quienes han caído.**
De esta ayuda mutua planetaria que vamos a desplegar en junio, surgirán nuevos lugares, se trazarán caminos más seguros, se repararán techos, se tejerán nuevas alianzas y, de todo ello, tal vez, se curarán heridas y comenzarán a germinar nuevas esperanzas.
Este momento es solo una etapa, pero decisiva: la lenta y firme construcción de una potencia material arraigada que, en los cuatro rincones del planeta, conecte los fragmentos de nuestra fuerza naciente.
Desde las geografías que acostumbramos a llamar:
Taipei, México, la Bekaa, Berlín, Tokio, Santiago, Londres, Galloway, París, Damasco, la Provenza, Kampala, Nairobi, Bilbao, Madrid, Bruselas, Toronto, Lieja, la montaña de Limousin, París, Atenas, Colonia, San Cristóbal, Nueva York, Montreuil, Oregón y tantas otras…